Friday, January 28, 2011

La desordenada vida de Irene.


Irene.

17 años.

“¿Qué mirás?” le preguntó Irene mientras reía con un sonido nervioso.
“Miro lo que miran tus ojos” fueron las palabras que salieron de su boca y las piernas de Irene se aflojaron. Tenía el nudo en el estómago nuevamente, como lo tuvo la primera vez que salieron y todas las siguientes.
Esta vez se encontraron en la casa de él. La habitación estaba un poco desordenada y había ropa tirada en el piso. La cama no estaba hecha, estaba igual que cuando él se levantó. Irene podía sentir el olor a toalla mojada entre las sábanas. Curiosamente le agradó que esté todo un poco sucio. “¿tu mamá no nos escuchará?” “no, está mirando una película. Siempre se engancha y no se da cuenta de lo que pasa”. La televisión se escuchaba como un murmullo.
El le pasaba la mano por la espalda buscando los ganchitos del corpiño, besaba el cuello de Irene lleno de collares y de cintas. Ella se ponía cada vez más nerviosa. Empezó a respirar de forma entrecortada pero estaba cómoda. Quería hacerlo, ya era grande. El le gustaba y se sentía segura, pensó en sus amigas, en qué dirían cuando les cuente, pensaba en la bombacha que tenía puesta, si no sería muy infantil para él. Irene se dejó llevar, aunque no paraba de pensar en la mamá y la película. Deseo que fuese eterna, pero también quería que todo pasara rápido y que terminara y que solo le quede la sensación de haberlo hecho.

Monday, December 27, 2010

No escribo.


Me comí los dedos para no escribir sobre vos. Me alegra saber que puedo hacerlo. No te necesito ni necesito hablar de vos, porque no estás en mi cabeza, no estás en mis pensamientos. Ves, puedo escribir lo que quiera y no mencionarte ni una sola vez. Hoy escribo esto y no escribo sobre vos.

Tuesday, November 16, 2010

juego de adultos.

No, no y no. Mañana mejor. Vamos a jugar y no pensar en que mañana ya no estará. Podemos amasar, apretar y morder pero ambos sabemos que es mejor jugar. Vamos a volver y desearlos porque hoy conmigo no se puede estar. Mañana te vas a sentir mejor porque así son las cosas. Mañana volví a verte y fue lo más hermoso de la hora justa; porque cuando la hora es justa tus ojos se vaporizan y por fin pueden verme con claridad.

Sunday, October 24, 2010

Unitarios y Federales en el billete de veinte.




Te miro llegar y un agujero en el estómago comienza a hacerme doler. Detesto respirar el aire que salió de tus pulmones, llenando el ambiente de un hedor transpirado. Sos todo lo que opuesto a la vida, sos sumisa y estéril, insulsa y vacía. Tu mera presencia hace que mi sangre hierva y mis ojos se llenen de violencia. Te asemejas a un gato que se pavonea desde lo alto frente a un perro rabioso incapaz de alcanzarte, babeando y henchido te huele y te oye ronronear, paseas jugándole una mala broma, confiada que nunca caerás en sus fauces. Te alegra saber que no puede derribarte sin exponerlo a la crítica social. Pues no es tu culpa ser así, pero mi ser no concibe tus formas. Escucho tu silencio retorcido, escondido en esos labios delgados, marchitos y renegridos. Una serie de lunares, lejos de ser delicados, se amontonan formando un desordenado y bruto conjunto que hace juego con tus cabellos teñidos. En tus ojos se ven pequeñas pupilas hundidas que piden auxilio cuando alguien pone su atención en ellas.
Te observo sentarte depositando toda tu humanidad en un diminuto espacio, intercambias unas palabras vanas, faltas de locuacidad y de interés. De pronto entre murmullos y ruidos estridentes, veo como sale de tu boca una catarata de estelas líquidas y de sonidos agusanados que se esparcen en el aire mezclándose con las partículas de polvo. Esa catarata imprime su sello en mi corazón y comienza a fundirse con mis venas, temo no poder limpiarme tu pestilencia. Estoy a punto de vomitar cuando percibo esa catarata, catarata que algunos llaman risa. Te escribo este que podría ser un manifiesto vanguardista, del asco y del mal gusto. Pero todo ya está escrito.

Wednesday, October 13, 2010

Maternidad no-nata.


Hoy en la tarde me di cuenta que estoy seca. Podrida, vacía, ausente. Cerca de mis muslos, debajo de mi ombligo pude sentir que mis órganos se consumieron. No queda nada para usar, no queda nada para procrear. Una parte de mi cuerpo quedó inutilizada, sin forma ni fondo. Hoy en la tarde supe que no tendría descendencia, no tendría un retoño. No estoy segura si algún día lo quise, solo quería tener la posibilidad. Ver en un pequeño niño tus expresiones, tus emociones, tus arrebatos. Es primavera, sigo siendo mujer y no puedo concebir pero tengo facilidad para los idiomas.

Wednesday, September 29, 2010

Carrera de Caballos.


Recuerdo el día que el tío Juan Carlos corrió la carrera de caballos con el gitano. Mi mamá me dijo que llevara a pastar al bonito al campo de los gitanos con mi prima Juana. Un gitano alto, con ojos rasgados y pelo en el pecho se nos acercó y me preguntó de quién era el caballo y si podía correr rápido. Le dije que era de mi abuela y que siempre lo llevábamos ahí a pastar. Mi tía-abuela Ramona tenía una pequeña fábrica de sodas, su casa siempre estaba llena de sifones de vidrio de muchos colores y tamaños. Al bonito lo usaba para llevar la carreta del reparto de sodas, era el único caballo que tenían en la casa para el trabajo. El día que nos encontramos con el gitano alto, morocho y delgado, le contamos a mi tío que lo había retado a correr una carrera. A Juan Carlos la plata siempre le venía bien, así que decidió correr la carrera con el gitano alto, morocho, delgado y carilindo. Volvimos todos al campo de los gitanos y se había armado una especie de pista y aparecieron muchos gitanos con billetes en la mano, discutiendo y gritándose unos a otros mirando de reojo a mi tío y al caballo. Especulaban sobre la plata y sobre nosotros. Mi prima y yo correteábamos por unas montañitas de basura junto con unos gitanitos. Se escuchó un disparo y una nube de tierra se levantó después que los caballos comenzaran a correr. La carrera duró unos pocos minutos y mi tío había ganado. Un silencio total se hizo cuando los demás gitano vieron que habían perdido, todos habían apostado contra mi tío. Ya los billetes no estaban ondeando en sus manos. Habían desaparecido por completo del panorama. El bonito estaba empapado en sudor y tierra mojada, yo creí ver una pequeña lágrima en sus ojos negros. No estaba acostumbrado a correr de esa forma, su marcha siempre se limitaba a llevar las sodas a paso de hombre casa por casa, vecino por vecino. Cuando mi tío apareció a reclamar lo suyo, los gitanos no quisieron darle la plata, y unos pequeños cuchillos asomaron en sus cinturones. Los nenes que jugaban con nosotras, desaparecieron al igual que los billetes y Juana y yo tuvimos miedo. Nos metimos entre las piernas del bonito que jadeaba cada vez más fuerte. Mi tío sacó de su camisa una pistola y miró a los ojos al gitano alto, morocho, delgado, carilindo y embaucador y le dijo “pensé que éramos todos hombres acá, pero a los gitanos les gusta seguir con el estereotipo”. Un gran barullo reinó entre las carpas y los manteles colgados en los cables de luz robados. Un gitano viejo, con cara de villano se acercó a mi tío y le dio unos cuantos pesos que no eran los que habían arreglado, pero tuvo que darse por contento. Mi tío, Juana y yo salimos casi corriendo del campo de los gitanos, con el pobre de bonito apenas en pie. Al llegar a la casa, mi abuelo salió a ver el caballo y lo vio todo transpirado, casi muerto. Le preguntó a mi tío que había pasado y él le contó de la carrera y de la plata ganada. La cara de mi abuelo se transformó de tal forma que parecía llevado por el diablo. Agarró el látigo que jamás se usaba con el bonito y le dio una zurra a mi tío que hasta el día de hoy recuerdo sus gritos. Ese día mi tío Juan Carlos hubiese preferido que lo mataran los gitanos.

Sunday, September 12, 2010

La culpa de Deyanira.

Solía amarrar a mi amor con un hilo de diamante, esos que son irrompibles. Hasta que una mañana mi amor me dijo: "dejame libre y te retribuiré todo tu amor". Sabía que me estaba engañando pero aun así lo dejé libre. Comenzó a dar vueltas por el aire, a saltar en mis sillones y dejarme las paredes manchadas de extravagantes colores. Me enojé con él, cómo haría para volver a tenerlo si no me dejaba atraparlo. Me puse a llorar para ver si se compadecía de mi, pero en cambio solo se rió. Furiosa le grité y esta vez lloraba de verdad. Lo perseguí por toda la habitación, mientras más me enojada me veía, más se divertía. Logré agarrarlo de una pierna, luego del brazo y por último del cuello. No quería que se fuera, por eso lo apreté con todas mis fuerzas para que oiga mi corazón latir por él, pero cuando abrí los ojos, él ya no respiraba, lo moví y lo llame por su nombre pero no me respondió. Empezó a ponerse pálido y lo solté, antes de llegar al suelo se desvaneció transformándose en una nube grisácea yéndose por la ventana. Nunca más volví a verlo, no estoy segura de que viva, pero me reconforta saber que fue mio y por ahora no es de nadie más.