Monday, May 27, 2013

Desvestir los ojos

Siente los pasos desvanecerse en el eco de la tarde, una tarde como cualquiera. Aburrida, tibia. No hay nada en la televisión. La heladera está llena de comida pero no tiene boca para poder comerla. Los estantes están llenos de música, pero no tiene oídos para escucharla. La cama está llena de cuerpos pero no tiene manos para tocarlos. Quiere desvestir los ojos, quiere sacarles la ropa para dejarlos desnudos. Tiene una máscara con una boca dibujada, detrás de la máscara hay un vacío, un agujero y una cortina de plush. Recuerda el día en que tuvo miembros, en que tuvo boca, en que tuvo oídos, en que tuvo manos. Hoy solo tiene un agujero por donde se le escapa el viento, su hálito vital. Vomita hojas secas por su orificio sin labios. Llora dolores arcaicos que ya no recuerda. Piensa en el tiempo en que fue feliz y la melancolía se le mete entre los dedos. Hoy podés verlo ahí, sigue llorando y vomitando, en una eterna tarde tibia.

Friday, February 10, 2012

Niña tristeza




¿Cuántas?

Muchas noches te espero, querida tristeza. Venís disfrazada de violeta, lucerito sin pena. Con olor a azufre y los dedos regordetos. Me tocás la frente y me pedís perdón. Me hablás en otra lengua con palabras extrañas, pero estás tan adentro que te entiendo. Me hablás por medio de imágenes borrosas. “Todos pueden entenderme” me decís y la sonrisa se dibuja en tus manos. No te persuadas por mis lágrimas, ni por el hambre que dejás en mí. “¿No te cansás de ver a los niños? te pregunto, pero ya no me escuchás. Te entretiene el viento en la ventana. “Vení tristeza, bailemos juntas” ya me he quedado dormida.

Thursday, January 12, 2012

Polvo y risa.

Yo no podía creer que estabas hecho de polvo. Siempre me pareciste tan similar a la sustancia que me asustaba. Cada vez que te tocaba te retorcías y te escurrías. Si te besaba te volvías duro y si te pensaba tu risa retumbaba en el interior de mi cabeza. Pero ¿cómo oír tu risa si te reías sin sonido? Tu risa solo era visible desde arriba. Desde abajo solo podía ver unos labios finos y fríos. Fríos y gruesos. Ambos a la vez. Si te tocaba el ombligo me decías que te dolía, que te daban ganas de hacer pis. Vos me tocabas a mí, y yo no decía nada, pero me daban ganas de reír. Mi risa no era como la tuya, la mía sonaba, la mía era fuerte. Esa noche en la cama nos reímos pero solo recuerdo mi risa. ¿Por qué escondías la tuya? Ahora me doy cuenta que estabas hecho de polvo.

Wednesday, October 19, 2011

Restaurant chino

Dos hombres reían y pensaban que eran dos hombres. Uno de ellos trajo un cachito de comida de un restaurant chino. Ambos comieron gustosos. No tenían para tomar así que "el otro de ellos" se cortó el dedo y le dio de beber a su amigo. Ya eran amigos, dos amigos. Comiendo y bebiendo uno del otro frente a un restaurant chino.

Tuesday, August 9, 2011

Mujer-guerra (I)



Mujer ¿Dónde estás? ¿A dónde te llevaron tus aires de revolución?
Abandonaste el hogar y las femeniles labores.
Te fuiste durante el día dejando atrás retoños mojados y camas hechas.
Cortaste tu cabello y laceraste tus mejillas con varas de hierro.
Ya no tenés piel en tus labios, ni anillos en tus dedos.
Dejaste de ser mujer para ser mujer-guerra.
Y eso me llevó a la destrucción.

Sunday, April 3, 2011


Irene

18 años

En el tren Irene miraba por la ventanilla. Las mismas casas, los mismos árboles, los mismos montoncitos de basura al lado del las vías. Un muchacho se sentó junto a ella. Por sus movimientos Irene pensó que era tímido, no la miró en ningún momento. El tren seguía su paso como de costumbre, estación por estación con su típico vaivén adormecedor. En City Bell, dos muchachas suben y se sientan cerca de la puerta. Irene y el muchacho las siguieron con la vista. Una de ellas sacó un cepillo y comenzó a peinar a su amiga (tal vez pareja, tal vez hermana). Ambos espectadores no podían dejar de mirar la escena. Les pareció mágica y sobretodo excitante. Son aquellos pequeños momentos únicos. El cepillo pasaba delicadamente sobre la larga cabellera oscura de la joven, una y otra vez en un movimiento continuo y repetitivo. Constante, hipnótico. Cada hebra se dejaba acariciar por los dientes del cepillo, no presentaban oposición alguna. El enjambre de pelos alisados se fue convirtiendo poco a poco en una larga trenza que se abría hacia el final lleno de unos pelitos quebradizos en las puntas. Irene las miraba extasiada, sin moverse, en cambio, el muchacho junto a ella se sonrojó y comenzó a retorcerse. Su erección fue imposible de ocultar y salió despedido del asiento hacia otro vagón. Irene se alegró de ser mujer.

Sunday, February 6, 2011

La desordenada vida de Irene.


Irene

32 años.

-“Al final, tanto que te quejabas de tu papá terminaste siendo la misma mierda que él”
-“¿Qué querés, que me quede en la casa limpiando tu mugre? Gritó Irene y un poco de saliva se coló con sus palabras. -“No puedo ser la mujer esclavo que necesitás, no puedo ser una ama de casa común y corriente, yo tenía una carrera, una vida, amigos y una vida social. La abandoné para ser tu mujer, tu esposa… pero sigue siendo mi culpa, no supe decir basta cuando me estabas cortando las vías de escape.”
-“yo quiero que mi mujer esté en mi casa esperándome cuando llegue, ¿es mucho pedir eso?” dijo él sin pensar en lo que decía.
-“¿vos te escuchás hablar? ¿Vivís en el año ´50?” “¿Qué te pensás, que sos el macho, el hombre de la casa, el que tiene que traer la plata para darme de comer?” te aviso que puedo mantenerme sola, mucho tiempo lo hice y lo puedo volver a hacer… ah y otra cosa, no hablés de mi viejo si no sabés, te gusta mezclar las cosas. No tenés idea de lo que sufrió mi vieja por su culpa y mucho menos mi hermana y yo, así que si vas a ponerte a decir pelotudeces, mejor andate y volvé cuando estés dispuesto a que hablemos como la gente porque así no se puede hablar con vos.
Irene se metió en el baño a comerse las uñas como siempre hacía cuando estaba nerviosa, esperando escuchar la puerta de salida.