Es una sensación nueva, ¿sabés? Es como meter
la mano en dulce de leche, te encanta al principio pero lo mejor de todo es
sacar la mano y empezar a chuparte los dedos. ¿Cómo se hace para mantener esa
sensación? me preguntaste una noche, y te respondí que lo mejor es no dejar de
hacerlo, aunque eso signifique que nos perdamos en un minuto. “Ya nos perdimos”
me dijiste, porque estas cosas son así, suceden como sucede que hoy llueve. El
frio nos hizo un favor. No fue el inverno, sino el frio que sentíamos por
dentro hizo que buscásemos calor. O por lo menos el mío. Mi frio se juntó al
tuyo. ¿Cómo hacés para parecerte al pasado? Te pregunté, pero me dijiste que no
eras el pasado, que eras el ayer y que eso no es lo mismo. A veces te miro con
desconfianza, y vos me mirás como no entendiéndome. Una combinación algo
extraña y atrayente. Entre sábanas nos descubrimos y nos buscamos. Yo no estaba
buscando y ¿vos?, la verdad no lo sé. Hoy sé poco. Vos sabés un poco más porque
sos más grande, pero la cantidad no es cualidad, me dijiste y me dejaste
pensando. Mis dedos se sientes raros cuando te tocan, es como si estuviese
tocando el aire, el viento, el frio. Te atrapo entre mis piernas y me hacés reir.
Mi risa queda impregnada en tus paredes. ¿Qué hora es? me preguntás y me
acurruco en tus brazos haciendo de cuenta que no te escuché.
Saturday, June 29, 2013
Monday, May 27, 2013
Desvestir los ojos
Siente los pasos desvanecerse en el eco de la tarde, una tarde como cualquiera. Aburrida, tibia. No hay nada en la televisión. La heladera está llena de comida pero no tiene boca para poder comerla. Los estantes están llenos de música, pero no tiene oídos para escucharla. La cama está llena de cuerpos pero no tiene manos para tocarlos. Quiere desvestir los ojos, quiere sacarles la ropa para dejarlos desnudos.
Tiene una máscara con una boca dibujada, detrás de la máscara hay un vacío, un agujero y una cortina de plush. Recuerda el día en que tuvo miembros, en que tuvo boca, en que tuvo oídos, en que tuvo manos. Hoy solo tiene un agujero por donde se le escapa el viento, su hálito vital. Vomita hojas secas por su orificio sin labios. Llora dolores arcaicos que ya no recuerda. Piensa en el tiempo en que fue feliz y la melancolía se le mete entre los dedos. Hoy podés verlo ahí, sigue llorando y vomitando, en una eterna tarde tibia.
Friday, February 10, 2012
Niña tristeza

¿Cuántas?
Muchas noches te espero, querida tristeza. Venís disfrazada de violeta, lucerito sin pena. Con olor a azufre y los dedos regordetos. Me tocás la frente y me pedís perdón. Me hablás en otra lengua con palabras extrañas, pero estás tan adentro que te entiendo. Me hablás por medio de imágenes borrosas. “Todos pueden entenderme” me decís y la sonrisa se dibuja en tus manos. No te persuadas por mis lágrimas, ni por el hambre que dejás en mí. “¿No te cansás de ver a los niños? te pregunto, pero ya no me escuchás. Te entretiene el viento en la ventana. “Vení tristeza, bailemos juntas” ya me he quedado dormida.
Thursday, January 12, 2012
Polvo y risa.
Yo no podía creer que estabas hecho de polvo. Siempre me pareciste tan similar a la sustancia que me asustaba. Cada vez que te tocaba te retorcías y te escurrías. Si te besaba te volvías duro y si te pensaba tu risa retumbaba en el interior de mi cabeza. Pero ¿cómo oír tu risa si te reías sin sonido? Tu risa solo era visible desde arriba. Desde abajo solo podía ver unos labios finos y fríos. Fríos y gruesos. Ambos a la vez. Si te tocaba el ombligo me decías que te dolía, que te daban ganas de hacer pis. Vos me tocabas a mí, y yo no decía nada, pero me daban ganas de reír. Mi risa no era como la tuya, la mía sonaba, la mía era fuerte. Esa noche en la cama nos reímos pero solo recuerdo mi risa. ¿Por qué escondías la tuya? Ahora me doy cuenta que estabas hecho de polvo.
Yo no podía creer que estabas hecho de polvo. Siempre me pareciste tan similar a la sustancia que me asustaba. Cada vez que te tocaba te retorcías y te escurrías. Si te besaba te volvías duro y si te pensaba tu risa retumbaba en el interior de mi cabeza. Pero ¿cómo oír tu risa si te reías sin sonido? Tu risa solo era visible desde arriba. Desde abajo solo podía ver unos labios finos y fríos. Fríos y gruesos. Ambos a la vez. Si te tocaba el ombligo me decías que te dolía, que te daban ganas de hacer pis. Vos me tocabas a mí, y yo no decía nada, pero me daban ganas de reír. Mi risa no era como la tuya, la mía sonaba, la mía era fuerte. Esa noche en la cama nos reímos pero solo recuerdo mi risa. ¿Por qué escondías la tuya? Ahora me doy cuenta que estabas hecho de polvo.
Wednesday, October 19, 2011
Restaurant chino
Dos hombres reían y pensaban que eran dos hombres. Uno de ellos trajo un cachito de comida de un restaurant chino. Ambos comieron gustosos. No tenían para tomar así que "el otro de ellos" se cortó el dedo y le dio de beber a su amigo. Ya eran amigos, dos amigos. Comiendo y bebiendo uno del otro frente a un restaurant chino.
Tuesday, August 9, 2011
Mujer-guerra (I)
Mujer ¿Dónde estás? ¿A dónde te llevaron tus aires de revolución?
Abandonaste el hogar y las femeniles labores.
Te fuiste durante el día dejando atrás retoños mojados y camas hechas.
Cortaste tu cabello y laceraste tus mejillas con varas de hierro.
Ya no tenés piel en tus labios, ni anillos en tus dedos.
Dejaste de ser mujer para ser mujer-guerra.
Y eso me llevó a la destrucción.
Sunday, April 3, 2011

Irene
18 años
En el tren Irene miraba por la ventanilla. Las mismas casas, los mismos árboles, los mismos montoncitos de basura al lado del las vías. Un muchacho se sentó junto a ella. Por sus movimientos Irene pensó que era tímido, no la miró en ningún momento. El tren seguía su paso como de costumbre, estación por estación con su típico vaivén adormecedor. En City Bell, dos muchachas suben y se sientan cerca de la puerta. Irene y el muchacho las siguieron con la vista. Una de ellas sacó un cepillo y comenzó a peinar a su amiga (tal vez pareja, tal vez hermana). Ambos espectadores no podían dejar de mirar la escena. Les pareció mágica y sobretodo excitante. Son aquellos pequeños momentos únicos. El cepillo pasaba delicadamente sobre la larga cabellera oscura de la joven, una y otra vez en un movimiento continuo y repetitivo. Constante, hipnótico. Cada hebra se dejaba acariciar por los dientes del cepillo, no presentaban oposición alguna. El enjambre de pelos alisados se fue convirtiendo poco a poco en una larga trenza que se abría hacia el final lleno de unos pelitos quebradizos en las puntas. Irene las miraba extasiada, sin moverse, en cambio, el muchacho junto a ella se sonrojó y comenzó a retorcerse. Su erección fue imposible de ocultar y salió despedido del asiento hacia otro vagón. Irene se alegró de ser mujer.
Subscribe to:
Posts (Atom)